Escucha mi voz,
trasciende al silencio,
es una voz clara,
no un triste lamento.
De vientos pasados,
fervientes recuerdos,
temores conscientes,
en mentes ausentes.
El llanto derrama
su cálido alivio,
tan lejano, aclama
ese dulce delirio.
¿Por que no me escuchas?
¿Acaso no existo?
A mis ojos ávidos,
les diste el castigo.
De estar sin tenerte,
fingir el perderte
contando las horas
dejando de verte.
Soy pésima poeta, escribo como niño de tercer año de primaria, pero creo que lo que hoy tenía que decir, no podía hacerse de otra manera. Vivo entre la sociedad bohemia que aclama mi crecimiento y mi cultura. Así es que si alguien tiene algo en contra de mi poesía ingenua número dos, guárdese sus comentarios literarios para si mismo.